Andes Race: 60 kilómetos de Experiencia y Supervivencia

Andes Race 60K es una de las carreras que más esperé este año. Me preparé con mucho tiempo de anticipación, participando en carreras muy duras que me sirvieron de entrenamiento para mi tan esperado reto. Pensé que sería más fácil lo que vendría después de haber vivido experiencias muy difíciles tanto en el Ultra Trail Cordillera Blanca y en LLanganuco Mountain Trail, pero definitivamente en la montaña puede pasar cualquier cosa.

Llegó el día de volar hacia Cusco, ciudad mágica y mística, como en cada carrera la emoción me embargaba. Llegue súper temprano al aeropuerto, cargada con mi “pequeña maleta”, luego de un vuelo corto aterrizamos sin problemas, lista para un nuevo capítulo de aventuras de trail running.

Todo comienza llegando al hermoso y mágico hotel que me hospedó con tanto cariño, Nao Victoria Hostel. Hotel bien ubicado cerca a la Plaza de Armas, al cual llegué luego de caminar varias cuadras en subida rodando mi maleta por la plaza, maleta que no recomiendo cargar a nadie, aún no había empezado la carrera y ya tenía dolor de espalda.

Nunca había compartido habitación con 5 personas que no conocía, menos con personas de ambos sexos y sobre todo con distintas nacionalidades. Debo confesar que la primera noche dormí con un ojo abierto, jajajajaja. A partir de la noche siguiente me cambiaron a una habitación de solo de chicas, así que todo fue más relajado, excepto que eran mucho más jóvenes que yo y por supuesto no venían a Cusco a correr si no a pasarla bien.

Empezamos la concentración y la búsqueda de una mejor aclimatación en un lugar de mayor altura. Partí temprano en bus para Chincheros (3,800msnm), donde puedes encontrar muchas artesanías y tejidos hermosos elaborados por las manos de artesanos de la zona. La aclimatación me sirvió para conocer gente maravillosa del Cusco. Sin duda estoy muy agradecida con el trail running, pues además de desarrollar mi parte deportiva y física, me ha permitido conocer historias y personas increíbles, además me ha regalado mayor sensibilidad como ser humano. Pronto descubriría una grata sorpresa, a Zenaida, hermosa mujer experta en el arte de tejer, que muy amablemente y con mucho cariño me explicó todo el proceso que lleva crear una manta. Desde el tratado de la lana hasta su confección. ¡Quedé maravillada! Nunca imaginé que hacer una manta era tan trabajoso. Solo pintar las lanas les toma aproximadamente dos meses. Todo por supuesto con el proceso natural que les enseñaron sus antecesores por años de años. Los dibujos que vemos en las mantas, chompas, chalinas, carteras, etc, están en su mente. Y sus manos tejen a gran velocidad. Finalmente terminamos compartiendo fruta y un poco de cacao que yo llevaba, y una larga charla en la que pude aprender muchísimo sobre sus costumbres.

Llegó el momento de regresar a Cusco, pues ya empezaba el frío en la zona, así que salí de regreso para preparar todo mi equipo y partir al día siguiente hacia el pueblo de Lares donde era el punto de partida. Esta sería la última noche de sueño completo, así que tenía que descansar muy bien. Aquí es cuando ni la manzanilla te calma, muchos sentimientos encontrados, ilusiones, nervios, energía acumulada, etc., pero ¡a dormir se ha dicho!

¡Y amaneció! Lista para ir al pueblo de Lares, pueblo que queda a 3 horas de Cusco. El camino era espectacular, paisajes hermosos, nevados, verde intenso, cielo azul y muchas alpacas. Tuvimos que pasar por el abra de Lares a 4,460msnm como para ir haciéndonos la idea de lo que nos esperaba, el frío ahí ya se sentía. De hecho en la charla técnica nos dijeron que el clima estaría muy frío en los próximos días y con 80% de posibilidades de lluvia, algo inusual para la época.

Llegando al Lares, lo primero fue ubicarnos en un Hotelito, no podíamos pedir mucho, tan solo una camita que nos deje cerrar los ojos por unas horas. Que más podíamos pedir por 15 soles. Eran las 6:30pm y ya debíamos dormir, pues a las 2am teníamos que estar en la plaza para la revisión de equipos. Ya había oscurecido, los nervios eran totales. Era la primera vez que iba a afrontar una carrera tan larga en la altura, pero sabía que estaba físicamente preparada para hacerlo.

Me acosté con mi plan de carrera en mano. Estudié nuevamente la ruta para saber exactamente lo que debía hacer para pasar el tiempo de corte. Realmente me había preparado. Toda una nueva experiencia para mí. Había soñado con esa carrera. Evidentemente dormir fue muy difícil pero logré descansar al menos 5 horas, así que a la 1:30 am sonó el despertador. ¡Y ahora sí llegó el momento! Mi corazón latía a mil por hora, hice unas respiraciones para relajarme, comí una frutita, un pancito, me cambié y lista.

Era hora de la revisión de equipos, no hacía tanto frío. ¡Qué maravilla! La ropa que llevaba estaba adecuada en ese momento. Al ver a mi alrededor me di cuenta que estaba loca. Todos los que estaban ahí eran ya experimentados en ultras de montaña, yo era la única nueva. Aydee Soto entre las mujeres. Remigio Huaman y Emerson Trujillo, los capos del trail running, ¡Dios mío! ¡Ya se pueden imaginar mi susto! Jajajaja, pero ya estábamos ahí, así que a correr.

Son las 3am en punto y se dió la partida. Que momento tan emocionante para mí. Todos salieron embalados, yo por el susto y el terror de no perderme en la noche los seguía, pero una hora después los fui perdiendo de vista. Obviamente eran mucho más rápidos, así que aquí viene la primera perdida, jajajaja, no encontré marca alguna y me perdí por unos 10 minutos. En un principio casi pierdo la calma pero luego pensé y dije ¡relájate! ¿Qué te puede pasar aquí? Disfruta de la madrugada y sigue. Así que entró la calma nuevamente al cuerpo y con la mente más ordenada pude visualizar la otra marca y entré a la ruta nuevamente. El susto había pasado.

Seguimos en la ruta, la primera subida larga y dura de 5 kilómetros y desnivel +900m, así llegamos a los 3,700msnm, pero la bajada era aún más dura, ¡súper técnica! Al terminar esa bajada llegamos a un río, KM13 aproximadamente, y ¡oh sorpresa! había que cruzarlo metiendo los pies al agua, que a esa hora de la madrugada comprenderán que era literalmente congelante. Pero seguimos para adelante y sin pensarlo dos veces ¡al agua patos! En ese momento pude ver que mi plan de carrera y todo iba perfecto. Así seguimos en ruta con el río a mi lado izquierdo, y más adelante, una vez más, debíamos entrar al río.

Alrededor de las 7:40am llegué al primer PA en Chupani, KM19 y un desnivel acumulado de +1500m, en la carpa me encontré con varios expertos extranjeros que descansaban pues estaban en la ruta de los 100K. Todos me daban ánimos porque era mi primera vez en una ultra de montaña. ¡Me sentía genial! Tomé mi sopita y seguí adelante. La subida que venía ahora llegaba a los 4,200msnm, realmente no la sentí tan brava y la bajada fue súper divertida, aunque con algunos bofedales en los que mis bastones se atoraban a cada momento.

Luego de esto debía llegar a Huacahuasi en el KM32, era el siguiente PA. Esa subida de 5 kilómetros y desnivel +400m, me pareció interminable, bueno es que en realidad ya tenía 8 horas corriendo. Pero mi aliciente era que ahí me esperaba otra sopita y seguro unos minutos de descanso. Llegué a las 11:32am, pasé el corte, aunque con media hora de retraso según lo planeado, así que solo pude tomar mi sopa a la volada sacar algunas cosas para mi mochila y salir soplada. Justamente cuando salía, 11:42am, empieza una lluvia intensa y el encargado del PA me pregunta si quiero salir así con lluvia, le dije ¡claro! Total ya antes había corrido bajo la lluvia. ¿Cuál era el problema? Así que con las fuerzas repuestas salí a enfrentar la última subida fuerte de 6 kilómetros y desnivel +660m, hasta llegar al abra a los 4,500msnm en Ipsaijasa, y otros 8 kilómetros de bajada hasta el siguiente punto de hidratación en el KM 45 y último corte, así que no faltaba nada.

Empecé por fin la última subida, todo era verde y hermoso, había viento y lluvia pero era totalmente aceptable. Pocos minutos después todo empezó a cambiar, el viento se puso intenso, caía granizo muy fuerte, pero nada me detenía. Seguí subiendo y comenzó la tormenta de nieve y todo lo que era verde se puso blanco en minutos. Y no solo eso, la nieve era en cantidades increíbles. ¡Se taparon todas las marcas! Yo seguía subiendo, hasta que en un momento ya empecé a tener dudas de a dónde me debía dirigir, entonces miré hacia atrás y veo que venía un muchacho de la ruta de 100K y el barredor de la carrera, así que decidí esperarlos, ya no se podía casi hablar del frío, las manos ya casi no podían moverse, mis pies aún estaban bien pero los del muchacho ya no los sentía y se quejaba de muchísimo dolor, el barredor de la carrera era de la zona y felizmente conocía el camino, le dí mis bastones para que pueda tocar el terreno antes de pisar por si había algún obstáculo oculto cubierto, las piernas se nos hundían hasta abajo. Así que seguimos subiendo, ya el oxígeno nos faltaba un poco, ya estábamos a casi 4,500msnm, el frío nos estaba carcomiendo, era difícil hablar entre nosotros pues no se podía escuchar nada por el ruido de la tormenta, las llamas que estaban alrededor estaban felices, nunca imaginé que su lana las abrigara tanto.

Por fin llegamos al abra de Ipsaijasa. Y las carpas del PA estaban totalmente cubiertas de nieve. Decidimos entrar para tomar un poco de agua caliente, mientras el muchacho se sacaba los zapatos para colocar sus pies al lado de la hornilla para calentarlos. A poquísimos minutos empecé a temblar muy fuerte, y era que toda mi ropa a pesar del impermeable ya estaba mojada, mi mochila era como una esponja con agua sobre mi espalda y ya tenía mucho dolor, el viento casi volaba las carpas, y ahí me dije, hay que salir de aquí lo más pronto posible. ¡Así que salimos! Es ahí cuando decidí sacar mi manta térmica. Y pensé, ¡aquí la cosa si está grave! Porque sabía que eso solo debía usarse en caso de emergencia, muy asustada con todo lo que estaba pasando pero jamás perdí el control. Solo estaba concentrada en salir de ahí lo más rápido posible.

La bajada estaba absolutamente llena de nieve, cada vez más difícil de afrontar. Tuve miles de resbalones y caídas, sentía que eso sería interminable. A pesar de que yo había hecho dos veces esa ruta el año pasado, era irreconocible el lugar en ese momento.

Como el frío ya me estaba matando empecé a correr y llegué a la parte ya sin nieve, pero el viento helado y el granizo no quería dejarnos. Ahora el lodo era el enemigo, las caídas eran más frecuentes, mis zapatillas pesaban mucho con el lodo pero nada me detenía solo quería llegar y calentarme.

Hasta que por fin, llegué al siguiente PA en Patacancha, KM45 y encontré la camioneta. ¡Sentí que volví a nacer! Realmente me sentí todo ese tiempo en peligro.

Encontré a otro compañero en la camioneta con hipotermia, en ese momento solo pensé en ayudarlo a que salga de ese proceso. Cuando todo estuvo controlado, es cuando recién mi cuerpo empezó a sentir ya de manera intensa, el frío y comencé a temblar, ahí es cuando me dio el bajón. Así que a comer y tomar algo caliente para nivelarme. El dolor de espalda por el frío me torturaba. Obviamente en esas condiciones era imposible seguir la ruta, así que para mí la carrera había terminado.

Ese trayecto de nieve de 14 kilómetros, fueron los más duros que he tenido en mi vida. Donde la mente jugó el papel más importante, pues primero que nada tuve que mantener el control ante la emergencia, después era importante combatir el frío, hambre y sed, pues si tomabas agua era congelada. Lo mejor fue durante ese tiempo concentrar toda mi energía en salir de ahí. Mi mente le dio la orden a mis pies de mantenerse calientes, solo repetía eso una y mil veces, y lo controlé. Fue muy difícil experimentar esta situación.

La verdad, salí muy orgullosa de mi misma, y me di cuenta una vez más de lo que estoy hecha. Tuve valor en todo momento y el temor lo utilicé a mi favor como energía para salir de esta.

Soñé con esa llegada a la meta, y aunque esta vez la meta no fue conquistada, salí victoriosa y por la puerta grande, porque hoy celebro la vida. Andes Race 60K voy por ti nuevamente el próximo año.

Marilú Salazar

Deportista, corredora de trail running, coach de PNL, comunicadora, y conductora de los programas de radio La Buena Vibra por internet y Gente Runner por Nacional FM, donde difunde el deporte.

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