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Maratón Lima 42K: Crónica de la Pasión y Determinación

Vivir desde adentro una maratón es indescriptible y más si es la Maratón Lima 42K. Leer todo lo que cada uno escribe después de estos 42K no hace más que reconfirmar lo grande que te hace el running.

Mi pleno reconocimiento a todo aquel que se pone unas zapatillas a las 5am para ir a entrenar. Tengan por seguro que ahí ya son unos ganadores.

Tener un objetivo como el de correr 42 kilómetros implica meses de preparación y cambios en tu estilo de vida. Llevar este espíritu del maratón dentro de ti por meses, seguro te llevará a la victoria. Este domingo no podía perderme ese momento, así que decidí acompañar a los bravos en la pista.

Canaval y Moreira 5am, la gente ya estaba llena de emociones. Selfies, baños, cremitas en las piernas, barritas de cereal, hidratantes, nervios; así se daba inicio a lo que sería un gran día, el momento de concluir algo por lo que trabajaste muy duro.

Sin duda los que harían por primera vez la ruta, experimentan algo más especial. Pues pasar de 21K a 42K, ¡No es cualquier cosa!

En los momentos previos se veían caras de incertidumbre y con miedos, pero todo esto se termina cuando entraron a los corrales. Yo que tuve la suerte de estar cerquita, percibí una energía descomunal, reunida toda en el mismo punto, en la línea de partida. Fue una maravilla estar ahí parada, era una verdadera fiesta. Gritos de alegría, de ánimos, de felicidad y de euforia. Es algo que definitivamente te recomiendo vivir.

Marilú Salazar en la previa a la Maratón Lima 42K 2018
Marilú Salazar en la Maratón Lima 42K 2018
Marilú Salazar

El reloj marca las 7am y se da la partida. ¡Emoción total! ¡Van todos en busca de la conquista! Algunos van preparadísimos y otros se la están jugando, pero todos con el mismo objetivo, llegar a la meta. Cada quien lo disfruta a su manera, y aquí es cuando empiezo a ver cada detalle.

Puedo decir que definitivamente en bici la maratón se vive más relajada. Voy recorriendo al ruta y en el kilómetro 10 veo caras de felicidad, sonrisas, tambores resonando, la campanita tonera, el bailongo en la esquina, parece que todo es diversión ¡Así cualquiera se anima a participar! Jajajaja. Pero aún falta un buen tramo por recorrer.

Seguimos avanzando, kilómetro 14 al ritmo del DJ, música de los 80s y 90s animaban esa parte de la ruta. Mientras los impacientes automovilistas tocaban desesperadamente las bocinas, pero este día éramos los dueños de las pistas. ¡Por fin nos tocaba una! Y es que más de un runner ha sido emboscado por un carro salvaje o agredido por un claxon ensordecedor. Así que al ritmo del DJ, les dije que se relajen y disfruten de la cantidad de corredores que estaban en las calles. No les quedó más remedio que apagar sus motores y esperar al ritmo del Rock and Pop.

A medida que pasaba el tiempo las caras iban cambiando a seriedad total,silencio y concentración. ¡Iniciaba la metamorfosis! ¡La cosa se ponía brava!

Kilómetro 20, punto de hidratación, metros antes los veía abriendo geles; ¡agua, agua! Eran los gritos de todos, ¡Pasaban a lo Flash! No se cómo no se les derramaba el agua del vaso, lo llevaban unos metros y luego a seguir con todo. Pude alentar a algunos, pero la velocidad y la concentración es tal que no había tiempo ni de voltear. Que importa, sabía que los gritos de aliento los escuchaban.

Seguimos pedaleando y la cosa se va poniendo más dura. Empiezan las subiditas, aquí ya todo se torna color de hormiga. Kilómetro 27 y algunos con calambres, otros con dolorcitos por aquí y por allá. Que vivan los geles, las pastillas de sal, y las pepas para el dolor ¡Pero nadie los detiene!

Algunos runners precavidos tenían su logística en la ruta, familiares y amigos apoyando de diferente manera, que bonito ver como el running nos une. Además, una mandarinita o una cremita en ese punto no nos caen nada mal, pero sobre todo el cariño y el compromiso de la gente que te quiere y quiere verte llegar bien.
Con el sol en su punto, me impresionó ver como sudaban, algunos estaban para exprimirlos completos. Que ropa de tecnología ni que nada.

Pasa el tiempo, ya faltan solo entre 5 a 10 kilómetros, y se venía lo mejor, el famoso «Muro». El “Muro” es de distinto tamaño para cada uno, es probablemente la valla más alta que cruzar. Para algunos es una barrera enorme que incluso les produce esos espantosos calambres por tratar de pasarlo. Para otros que ya tienen experiencia y fortaleza, el muro es un simple obstáculo en la ruta, pero siempre está. Esas sensaciones de cómo cada quien lo percibe se ven en las caras, miradas y cuerpos. Muchos pasan por el deseo de renunciar, y es ahí donde empiezan las preguntas: ¿Qué miércoles hago aquí? ¿Qué salió mal en mis entrenamientos? ¿Por qué no me quedé en mi casa viendo televisión? Entonces es allí donde surge el temple y la determinación. Es una lucha interna entre lo físico y lo mental. Es tu mente la que quiere y debe ganar. Es en ese instante cuando decides seguir y a pesar de tener dolor hasta en el alma, sigues y sigues, porque la mente está tratando de ganarle al cuerpo. Es realmente una gran lucha que solo la conocemos los que la hemos vivido. Pero llega un momento en que la mente también necesita recargar energía y es entonces cuando salen a flote los motivos por los cuales estas ahí. Donde cada uno plasma sus ideales y su motivación. Todos necesitamos de esos ideales para fortalecer nuestra mente y sostener kilómetro a kilómetro la decisión de llegar a la meta. Por eso los que estuvieron ahí en la pista no solo prepararon su cuerpo por meses, sino también su mente. Esa determinación que tuvieron la cultivaron todo ese tiempo de entrenamiento y ésta fue la pieza clave.

Marilú Salazar con algunos corredos al finalizar la Maratón Lima 42K 2018
Marilú Salazar en la Maratón Lima 42K 2018
Marilú Salazar

Sin duda, estar allí viéndolos llegar en los últimos metros fue increíble. La emoción que ellos sentían, la transmitían a todo el que estaba cerca. Llantos, sonrisas, gritos y distintas emociones. Que garra, que coraje, que fuerza, y que determinación. Mis respetos a todos los valientes y bravos que partieron ese día en búsqueda de esos 42 maravillosos kilómetros del Maratón Lima 42K. El resultado y el tiempo puede ser lo de menos, siempre que hayas disfrutado al máximo ese largo camino.

El running es mucho más que correr, ¡Es VIVIR! Es hacer las cosas con compromiso, disfrutar sabiendo que después de este trabajo duro, hay una parte maravillosa que es llegar a la meta.

CORRE, VIVE Y SUEÑA!!! No te detengas!!!

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