Marcahuasi 60K: Una Experiencia Mutante

Esta vez nos fuimos para Marcahuasi a tener una experiencia MUTante, en busca de esos 60K que tanto he anhelado, así tuviese que mutar, tenía logarlo. Así que nuevamente maletines listos y a la Sierra de Lima. Lo primero, aclimatar, y para eso lo mejor era dormir a 85 kilómetros de Lima, en San Pedro de Casta a 3,200m de altura, lugar que sería parte de la ruta. A 12 kilómetros de llegar a San Pedro de Casta está el hermoso cañón de Autisha, el que tiene un pequeño puente donde los más bravos se lanzan en cuerda al vacío. Definitivamente están más locos que nosotros. La vista desde allí es espectacular y con un viento increíble.

Llegamos al pequeño pueblito de San Pedro de Casta, con su bella plaza y típicos restaurantes locales, panadería, bodegas y un mirador para ver las estrellas, las que esa noche no quisieron dejarse ver. A la mañana siguiente había que conocer la Meseta de Marcahuasi, que está a 5 kilómetros de San Pedro de Casta, a 4,000m de altura, hacer unas últimas caminatas de aclimatación y listo. Bajamos a Callahuanca, a 1,600m de altura, es el pueblo de las chirimoyas y los helados, es donde sería la partida esa noche. Todos preparando sus mochilas, descansando temprano y con ansias de empezar. Los nervios ya se sentían por todos lados. Algunos llevaban su plan de carrera, el mío era simple y sencillo: Llegar.

Ya con todo listo, salí a tomar mi clásica sopita de gallina criolla y a las 7pm ya estaba tratando de dormir. Suena la alarma a la media noche y a tomar desayuno, jajaja, un poco temprano, a comer un rico pancito con palta, mandarina y a cambiarse.

El reloj marca la 1:30am, los corredores calentando y haciendo el chequeo del material obligatorio en el Estadio de Callahuanca, donde es la partida de 3 de las 6 rutas que tiene el Marcahuasi Ultra Trail (MUT). Manta térmica, luces, barritas, cortaviento, etc. Emoción total. Son las 2:00 am y dio la partida, tal y como estaba previsto. Todos los MUTantes dando gritos salimos en búsqueda de esos 60K.

Los primeros kilómetros como para calentar eran una suave bajadita de trocha, porque lo que venía era serio. En el kilómetro 3 caí en un gran charco con lodo, y todo mi pie derecho, media y zapatilla empapada. Pero no había tiempo para cambiar medias, así que a continuar a todo ritmo.

Empezamos la subida de 19 kilómetros y casi 1,800m de desnivel positivo rumbo a San Pedro de Casta, parecía interminable, en el ascenso pasamos por pequeños pueblos como Cumpe y Mayhuay. Esta vez iba súper concentrada en subir al ritmo que debía, el plan era llegar antes de las 7am a San Pedro de Casta, mi visión con mi luz frontal era solo hacia el frente, así que mis oídos eran los que percibían todo, sonidos de pajaritos, ovejitas, y toros. Ni tiempo de ver las estrellas tuve. Lo que si pude observar, fue que al amanecer, alrededor de las 5:45am, el cielo se puso de un color azul hermoso.

A las 6:50am, 10 minutos antes de lo previsto y más de 1 hora del corte, llegué a San Pedro de Casta (KM22), primer punto de corte. ¡Genial! Es que tendría 10 minutos para descansar y comer. El PA estuvo surtido, me tomé 3 platitos de sopa, algunos palitos salados, una fruta, a quitarse la malla pues ya el sol amenazaba ser fuerte este día y además decidí vendarme la rodilla derecha por un dolor que tenía en la Banda Iliotibial, que creo fue consecuencia de la caída que tuve en los primeros kilómetros. A las 7am era la partida de las rutas de 16K y 42K así que fue lindo encontrarnos con los corredores de esas distancias allí alentándonos, algo totalmente nuevo para mí.

Unos minutos antes de las 7am partimos, esta vez mi amigo Arturo y yo decidimos ir juntos. Este era su segundo intento en la distancia 60K, así que la consigna era terminar. Él había hecho mejor la tarea de estudiar la ruta, además de ser más experto, así que fue un buen partner.

Empezamos la subida hacia la Meseta de Marcahuasi, ¡Que dura subida! Eran 900m de desnivel en 6 kilómetros, o no sé si es que ya veníamos matados de la subida de San Pedro de Casta.

Llegar a la meseta no fue fácil, los 4,000m de altura ya se sentían. El solo hecho de ver las escaleritas, se te iba el poco aire que tenías. Ya en la meseta a las 8:45am, unos 15 minutos antes de lo previsto, pensé que sería todo felicidad, se suponía que era plano, pero no, sube y baja una y otra vez entre rocas y senderos. El calor ya era intenso y la falta de oxígeno era evidente. Salir de ahí nos tomó un buen tiempo y así llegamos al KM35, en Portachuelo, con 2,700m de desnivel acumulado, lugar del segundo corte. Estábamos fuera del tiempo esperado, eran las 11:00am, a solo 30 minutos del corte, así que nuestro tiempo se iba acortando, descansamos unos minutos, recargamos agua, hice un cambio de venda en mi rodilla y salimos nuevamente.

Esa subida al salir de Portachuelo sí que nos mató. Fue solo 1 kilómetros pero no la olvidaré. Luego empezó una bajada muy simpática pero técnica, que te obliga a una concentración mayor y me dije, ya está listo y la hicimos, pero el trail te da siempre sorpresas y cuando crees que ya no subirás más, ¡A trepar nuevamente!

Pasamos el pueblo de Chauca, en el KM40, que parecía el pueblo fantasma, totalmente desolado. El tiempo se nos acortaba y nos faltaban 8 kilómetros para llegar al último corte, el pueblo de Singuna. Empecé a tener un poco de soroche pues nos mantuvimos bastante tiempo a una altura aproximada de 3,800msnm. Las náuseas se querían apoderar de mí, pero no lo lograron.

A pesar del malestar le dimos con todo a esa última subida. El caminito no era fácil, cactus por todos lados y una gran espina se clavó en mi dedo de la mano. Como película de terror, yo daba gritos y miraba mi dedo. Entonces pensé no quedaba más opción que jalar. Así que me armé de valor y lo hice. Creo que mi compañero de ruta ya estaba harto de mí, pero muy simpático él, trató de distraerme preguntándome que películas de Netflix había visto últimamente. En esos momento solo quería matarlo, no recordaba el nombre de ninguna, solo quería llegar.

El sol ya nos calcinaba, el hambre ya era voraz y solo pensaba en llegar a comer alguito. Los cálculos del tiempo eran un total estrés, teníamos que ir a paso 8 min/km o no llegábamos. Así nos mantuvimos viendo los relojes por esos largos y duros 8 kilómetros que nos parecieron como 20. Esto de ver el reloj a cada momento fue algo nuevo para mí, pero sin duda es la clave del éxito.

Hasta que por fin pasamos el abra, ¡Siiii, fiesta! ¡Todo bajadita! Pero, quien dijo que la bajadita era fácil después de todas esas subidas. Las piernas ya no querían más. Pero la mente sí. Queríamos llegar. Entonces vimos los relojes y el tiempo que nos quedaba para ser finishers era corto. Así que a apretar el paso.

Llegamos al último corte en Singuna, KM 48, 3:05pm, sólo 25 minutos antes del cierre. Nos detuvimos unos minutos a descansar e hidratarnos, de comida no había mucho y  el hambre seguía. La energía ya estaba acabándose, pero esta vez de que llegaba, llegaba. Gomita salvadora, la última opción. ¡Y se prendió el turbo! Laaaaarga trocha interminable de 8 kilómetros, los relojes se apagarón ¿y ahora, celular? Ahí vemos la hora, teníamos que volar, ni hablar habíamos pasado tanto que teníamos que llegar. Ahí es cuando empezaron a salir los gritos del guerrero, esos que te salen desde adentro. El dolor en la rodilla ya era fuertísimo, sentía ya mi cuerpo cansado pero ahí seguíamos, en la lucha.

Al final de la trocha encontramos un punto de hidratación donde paramos a mojarnos la cabeza y el cuerpo para agarrar viada para los últimos kilómetros, estar contra el reloj no era fácil, eran muchos sentimientos a la misma vez. Emoción porque estábamos cerca y a su vez temor de no poder llegar.

Encontramos la última bajada técnica ¡A quemar piernas! Ya faltaba muy poco solo 4 kilómetros, seguíamos a toda velocidad. Me sorprendí de mi misma. Mis brazos con los bastones ayudaban en el apoyo y así mi pierna dolía menos. Solo queríamos llegar. ¡Velocidad y concentración! Los gritos de guerrero cada vez más fuertes. Le iba pisando casi los talones a mi compañero. Y frente a nosotros apareció la famosa Cruz de Characán, y Callahuanca ya estaba cerquita. A solo 2 kilómetros, era como un sueño, de ahí se veía ya el estadio muy cerca de nosotros, definitivamente la emoción me embargaba.

La bajada aún más vertical, los cuádriceps recalentados, el dolor de la rodilla era más fuerte pero nada me iba a parar. Ni siquiera una piedra que toco mi dedo gordo del pie izquierdo y me hizo ver las estrellas que no pude ver en la noche. Y por fin se terminó esa bajada y encuentro ahí el estadio. Waoooo, que maravilla de sensación, 15 horas 20 minutos. ¡Indescriptible! Cuan duro había trabajado este año por conseguir esa meta, ese era el momento, ¡Sí! No hay palabras para expresarlo.

Lo que tanto había deseado. Soy Ultra de Montaña, que rico se siente. Hay tantos sentimientos a flor de piel, que no existen palabras para expresárselos. Todo por lo que me esforcé cada día, tenía ya sus frutos. El sueño era ya realidad, esos 3,300m de desnivel y 60 kilómetros fueron míos!

No existen los límites, los límites los pones tú. El que la sigue, la consigue. NO te rindas nunca y disfruta el camino.

Marilú Salazar

Deportista, corredora de trail running, coach de PNL, comunicadora, y conductora de los programas de radio La Buena Vibra por internet y Gente Runner por Nacional FM, donde difunde el deporte.

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