Mi primer IRONMAN 70.3 sin morir en el intento

Esta es la historia de mi debut en una competencia de triatlón, y es que participar en la segunda edición del IRONMAN 70.3 Perú fue mi gran objetivo deportivo cumplido de este año.

Hoy tengo 41 años, y me decidí a querer ser IRONMAN hace 8 meses sin tener ninguna idea de lo que significaba la preparación para una competencia de esta magnitud, motivado tal vez por la cobertura y la organización del primer IRONMAN 70.3 celebrado el 2017 y llevado por la locura de mi amigo Lucho Alva quien guerreo al igual que yo para conseguir este logro.

Practico hace algunos años el running y trail running y pertenezco al equipo TVT, línea deportiva de montaña de Tomás Valle Runners, mi gran familia deportiva de la cual hablaré más adelante.

Luego de la Media Maratón de Lima del 2017, decidí enfocarme en mi preparación para alcanzar el sueño de ser triatleta, es así que empecé a informarme todo lo referente en este tipo de competencias y a poner sobre la mesa mis debilidades y fortalezas de manera de poder planificar el trabajo enfocado en lo que necesitaba para lograr mi objetivo.

¿Mis debilidades? ¡No sabía nadar! Debía ser totalmente honesto conmigo mismo, sin nado era imposible competir, así que me matriculé en clases de nado en una piscina cerca de mi casa acompañado al inicio por mi esposa y empezando desde nivel cero, con flotadores, churritos, tablas y otros accesorios más, parecía Kiko en Acapulco. Ya luego fui evolucionando y me dediqué a entrenar solo, en el último mes antes de la competencia tuve 4 visitas a mar abierto acompañado de grandes nadadores como lo son Gelacio Vieyra y Eduardo Salazar quienes me hicieron perder el miedo al nado.

Mi segunda debilidad era la bicicleta, sabia manejar, pero solo para paseos o rutas muy cortas, no era amante del ciclismo, así que inicie mis recorridos con una bicicleta plegable la cual usaba muy esporádicamente para ir al trabajo. Luego adquirí la bicicleta de competencia y me dediqué a entrenar en casa, los últimos dos meses hice 3 recorridos por la costa verde para reconocer la ruta del IRONMAN.

Lo mío era correr, así que decidí potenciar mi mayor fortaleza al máximo con esos entrenamientos de desnivel que nos regala el Trail, además de aumentar kilómetros y tiempo de recorrido a las competencias en las que participaba, logrando mi consolidación como Ultramaratonista con 53 kilómetros de recorrido en el último Yumax 2018.

Estas tres disciplinas en modo entrenamiento las acompañe de rutinas funcionales y de pesas, esta última cambiando peso por potencia, no quería crecer en masa muscular, solo ganar fuerza.

En resumen, el entrenamiento necesario para afrontar esta prueba se caracteriza por la soledad y el esfuerzo. Desde mi punto de vista, las personas que usan el deporte como medio de sociabilización, no podrían entrenar de manera correcta para afrontar esta competencia. Si bien puedes pertenecer a un equipo, su mayor provecho es fondear los fines de semana con ellos, pero durante la semana debes hacer la tarea en casa solo, yo lo decidí así por una cuestión práctica: tenía que estar sujeto a mi propio horario sin "robarle mucho tiempo" a mi familia y mis actividades profesionales.

En un abrir y cerrar de ojos llego el día de la competencia, estaba ansioso, ya quería entrar al mar, mi amiga Susana Chia, me dio aliento para estar tranquilo, cuando entro mi turno en la disciplina de nado puse en práctica todo lo aprendido en 8 meses, cuidar la respiración, la brazada, mirar mi punto de referencia y no parar nunca. Y así fue, nadé 51 minutos de manera ininterrumpida, llegando a la orilla sano y salvo, recibiendo el aliento de mi familia y de mi equipo Tomás Valle Runners y siendo consciente que una de las disciplinas de mayor preocupación había sido superada.

Fui al punto de transición, me tome mi tiempo, respire, me preparé y cogí mi bicicleta para dar inicio a la segunda disciplina, la más larga, con tres subidas bien pronunciadas y con un asfalto que a pesar de los trabajos de la organización no fue un buen aliado para las bicicletas y las columnas vertebrales de los ciclistas, oportunidad de mejora para el próximo año.

En cada vuelta hice una parada para hidratarme y comer algo, no lo quería hacer en movimiento por temor a caerme, tal vez me resto tiempo pero el objetivo era llevar a la meta sano y salvo y no alcanzar un podio. La emoción me embargaba y la responsabilidad por hacer un buen papel en la competencia me hacía más fuerte, es así que luego de 3 horas y 16 minutos, terminé los 90 kilómetros de ciclismo.

Venía según yo lo más fácil, correr, lo que no sabía era que salir "a volar" en el asfalto era imposible luego de tantas horas pedaleando la bicicleta, las piernas las tenía con contracturas y el sol era inclemente a esa hora, bueno, no había de otra que seguir.

Fueron los 21K más largos y duros de mi vida, nunca paré salvo para comer medio plátano y un vaso de bebida gaseosa, los últimos 5 kilómetros llego un ángel, ¡Cesar Arias!, quien me jalo con su aliento y su trote a distancia, luego se sumaron Lucho, Vanessa, Lucero, Esmeralda, Panchito, Cleidy, Carito, Sady, Edwin, Ever, Cristhian, Mauro, Cesar Camborda, Elikar, Rómulo, Claudia, Tony y en la meta mi esposa, mis hijos (que me alcanzaron la bandera del equipo) y mis padres, completando así una jornada que la atesoraré en mi memoria hasta el final de mis días. No solo me convertí en IRONMAN ese dia, también nació TV3 (Tomás Valle Tri, nuestro nuevo equipo de traiatlón con Piero, Lucho y Gelacio como IRONMAN) y pienso también que volví a nacer como persona, agradecido con tanta muestra de cariño de mi familia que me acompaño a distancia via redes sociales, amigos y tantas personas que la vida te regala.

Esta es mi historia en el IRONMAN 70.3 Perú 2018 y he sobrevivido para contarla.

Piero Ríos miembro de:

Piero Ríos
Piero Ríos

Triatlón

Ciclismo

Fitness